viernes, 25 de mayo de 2018

Agredir con el silencio. Cuando alguien deja de hablarte.


Dejar de hablar a alguien es una forma de agresión.

Si una persona se convierte en peligrosa para ti, dejar de hablarle puede ser una forma de protegerte. Si alguien te ha hecho algo realmente grave, puede ser una forma de demostrárselo, y puede ser legítimo.

Yo me refiero a ese silencio con el que algunas personas castigan, sistemáticamente, a los que les rodean. Ese padre, ese marido, esa madre… Esas personas que, cuando los demás no “obedecen”, cuando algo no les gusta… agreden con el silencio.

El silencio impuesto es muy doloroso. Es una agresión que duele más que un grito, más que un golpe incluso. Es el castigo preferido de los manipuladores.

Esa persona que no te contesta al saludo, que va por la casa ignorándote… esa persona te está agrediendo. Tú sabes por qué lo hace: porque no volviste a la hora que él-ella quería, porque no accediste a su petición…

Si alguna vez le preguntas por su silencio, te dirá que está disgustado, nada más, y que no le sale hablarte. No es verdad, esa persona sabe que tratándote así consigue lo que quiere, consigue manipularte. La próxima vez, te lo pensarás dos veces antes de no ceder a sus deseos.



Si tú eres de las personas que utilizan el silencio como arma, piensa que haces mucho daño. 

Si eres de los que sufren a alguien que agrede con su silencio… te aconsejo:
  • ·        Se fuerte y no sucumbas a su manipulación, tal vez así deje de hacerlo.


  • ·        Rompe su silencio, háblale, no le tengas miedo. Desmonta su teatro.



  • ·        Dile claramente lo que piensas. Explícale que su postura es molesta y desproporcionada.


  • ·        Si sus silencios son continuos y afectan a tu salud mental, si puedes, deja a esa persona. Aléjate.


La agresión con el silencio no se puede denunciar. El que practica esta “técnica” suele ser una persona que controla bien sus impulsos. ¡¡No le creas cuando te diga que más sufre él-ella!! Y, aunque fuera así, te está castigando. 






sábado, 17 de marzo de 2018

¿Cómo sé si me manipulan?


La manipulación es el intento de que otra persona haga lo que nosotros queremos, creyendo que lo hace por iniciativa propia.

El manipulador se aprovecha de la debilidad del otro.


Estas son las principales armas del manipulador:

  •  Crear sentimiento de culpa en el otro. Hacerse la víctima.

  •   Aprovechar que el otro teme el conflicto. El manipulador sabe que lo va a eludir a costa de lo que sea.

  •    No comunicar nunca abiertamente las peticiones ni los deseos.

  •    Cambiar de opinión según convenga. Con el manipulador entran ganas de grabar o apuntar lo que dice.

  •     Poner en entredicho las cualidades de los demás, saber que debilitando a los demás tendrá más poder.

  •    Trasmitir los mensajes a través de intermediarios.

  •    Sembrar discordia: “divide y vencerás”.

  •    Chantajear, de forma más o menos directa.


Aunque todos podemos manipular en un momento dado, las personas manipuladoras suelen ser egocéntricas y no soportan las críticas.



¿Cómo comportarse con un manipulador?

  •     Intenta, sobre todo, que no te haga dudar de ti mismo.

  •      No cedas por comodidad. Si se da cuenta de que lo tiene difícil es posible que te respete más.

  •    Trata de que diga abiertamente lo que quiere.

  •      Siéntete libre para negarte. Si tenemos fundamentos sólidos y suficientes en contra de la idea que nos están proponiendo, expresar nuestro desacuerdo es un derecho que nos permite marcar nuestros límites.

  •     En la medida de lo posible, aléjate de los manipuladores. Pero es imposible que no haya en tu vida alguna persona manipuladora:

Si la persona que intenta manipularte es importante en tu vida y/o forma parte de tu familia - por ejemplo tu madre, tu hijo – trata de no enfrentarte con agresividad pero dile serenamente lo que quieres.

Si es tu pareja, piensa que es complicado convivir con un manipulador, déjale claro desde el principio que no vas a ceder a su chantaje. Y plantéate si te compensa la relación.

Si quien quiere manipularte tiene poder sobre ti - un jefe al que no puedes enfrentarte – no trates de “desmontar” su juego, el manipulador nunca lo reconoce.
          


La manipulación se aprende desde pequeños. Los niños saben cómo manipular a sus padres para conseguir lo que quieren.

Hay formas de manipulación muy perversas, como las que ejercen algunos padres divorciados poniendo al hijo contra el otro progenitor.

La manipulación forma parte de nuestra sociedad. Las religiones, las ideologías, los medios de comunicación, todos contribuyen a que creamos que queremos lo que no sabemos si queremos o no.



jueves, 21 de diciembre de 2017

Afrontar la injusticia.

La sensación de sentirse injustamente tratado es una de las circunstancias que más sufrimiento genera a las personas. Y la que más ira provoca.

Las situaciones de injusticia, son tan variadas que es imposible resumirlas. Van desde detalles pequeños e íntimos a situaciones sociales y universales.
“Me siento injustamente tratado por mi madre porque no reconoce mi esfuerzo, en cambio, a mi hermana la halaga continuamente”.
“Me parece injusto tener que aguantar a un jefe manipulador y mentiroso, que ocupa ese puesto por trepa y enchufado y encima me critica”.
“Me siento víctima de la injusticia social porque he nacido en una familia pobre y tuve que trabajar desde muy joven mientras los demás se divertían”.

¿Siempre que me siento injustamente tratado tengo razón? NO
No siempre tengo razón, a veces, soy demasiado susceptible o tengo una visión sesgada del tema, pero, otras veces, sí tengo razón. Porque convivimos continuamente con la injusticia.

¿Qué es la injusticia? Se define como la falta de justicia.
Si entendemos que la justicia es la búsqueda del bien común y del bienestar conjunto, la injusticia será entonces el beneficio de algunos en pos del perjuicio a otros.



¿Cómo podemos actuar respeto a la injusticia para no sucumbir, no sufrir en exceso, no sentir una ira insoportable?

1)  Tratar de entender por qué otros son injustos. Eso no significa que los disculpemos, pero nos ayudará a rebajar la intensidad de nuestro malestar. Por ejemplo:
 “Mi madre es injusta cuando me dice que no me esfuerzo, pero es injusta por ignorancia”.
“Mi jefe es injusto cuando me ningunea porque teme que le quite el puesto, es injusto por cobarde y egoísta”.

2) Si somos honestos, reconoceremos que alguna vez nosotros también somos injustos con los demás.

3) Si podemos hacer algo para mejorar una situación de injusticia lo haremos, pero siempre intentando ser inteligentes y no dejando que la ira nos ofusque.

4) Si optamos por ser personas justas hagámoslo con todas sus consecuencias. No esperemos que los demás sigan nuestro ejemplo, porque probablemente no lo harán. Ser congruente con nuestros valores es una opción valiente, pero hay que ser fuerte para mantenerse. Esta opción tiene que ver con el concepto del honor y se aprende en la familia, en el entorno social. Hay sociedades, como la japonesa, donde ese concepto es extremo y, al parecer, hay personas que prefieren morir a perder el honor, a no poder mantener su palabra. Nosotros vivimos en una sociedad “más relajada, más laxa”; esto tiene ventajas e inconvenientes, entre los inconvenientes… somos injustos con más facilidad.



domingo, 23 de julio de 2017

¿Discutir o no discutir?

Discutir no es, en principio, algo negativo. La palabra viene del latín de una palabra muy parecida que significa “resolver”. Dos personas, o más, pueden discutir un asunto para oír varios puntos de vista, analizar una cuestión con varios argumentos y ponerse de acuerdo.


La discusión, hoy en día, tiene muy mala prensa. Está mal vista.

Debo confesar que yo aprendí a discutir en mi infancia, como un deporte. Mi padre y yo discutíamos sin enfadarnos, por puro entretenimiento. Más tarde me di cuenta de que ese tipo de discusión no era fácilmente trasladable a otros ámbitos o con otras personas. Hay personas a las que la discusión pone muy nerviosas.

La discusión se convierte en un problema cuando:

-         Cuando las personas que discuten se ponen agresivas.
-         Cuando abandonan el tema del que están hablando para pasar al ataque personal.
-         Cuando no son capaces de parar la discusión si no se llega a un acuerdo.
-         Cuando no son capaces de renunciar a tener razón.

Con el tiempo me he dado cuenta de que es muy saludable no tener la necesidad de discutir:

-         No tener la necesidad de decir siempre lo que uno piensa, sobre todo cuando está con personas a las que no les interesa.
-         Es un signo de madurez tener la capacidad de retirarse a tiempo de una discusión.
-         Renunciar a convencer: No siempre tenemos que convencer a los demás. Podemos intentarlo pero… siendo capaces de entender que el otro tiene otro punto de vista.

¿Cuándo podemos discutir?

-         Cuando tenemos delante a personas capaces de intercambiar distintos puntos de vista sin enfadarse.
-         Cuando tenemos la seguridad de que la discusión no nos va a llevar a perder el control.
-         Cuando estamos seguros de que podemos poner un punto y final como si de un deporte se tratara.

¿Con qué tipo de personas es mejor no discutir nunca?

-         Con personas autoritarias que solo quieren imponer su opinión.
-         Con personas demasiado susceptibles que pueden malinterpretar cualquier tono o réplica.
-         Con personas intolerantes, inflexibles, paternalistas… que no tienen ningún interés en la opinión de otro.


viernes, 14 de julio de 2017

La ira me puede.

Todos no sentimos furiosos en algún momento. La ira es una respuesta normal del ser humano cuando se siente amenazado o frustrado. No obstante, si no se controla bien, puede convertirse en un problema y poner en peligro tus relaciones con los demás. Y, si sientes ira con mucha frecuencia, estarás alterado y estresado continuamente. 

¿Qué es la ira?

La ira es un estado emocional de intensidad variable, desde una ligera irritación hasta una furia violenta.
Algunas personas son capaces de expresar su ira de forma controlada y constructiva, mientras que otras ‘explotan’ .

Características de la ira: ¿Qué pasa en nuestro cuerpo?

Se caracteriza por un aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea y de los niveles de adrenalina.
También suele aparecer sudor, enrojecimiento, aumento de la tensión muscular, aceleración de la respiración, aumento de la energía y de la gesticulación.
La ira disminuye la capacidad de razonar.



¿Cuándo se convierte en un problema?

Cuando la persona reacciona con una ira descontrolada.
 Esa persona experimenta una sensación de alivio durante el arranque de rabia.
  Se arrepiente, siente remordimientos y sentimientos de culpa. Querría poder volver atrás y controlarse.
Eso es lo fundamental, uno se arrepiente porque no lo ha hecho voluntariamente.
Más importante que controlar la ira es no llegar a sentirla. Todos podemos sentir ira alguna vez, pero si sientes ira continuamente es que tu relación con el mundo está equivocada.

¿Cómo dejar de sentir tanta ira?: Cambia tu forma de pensar.

-          Acepta que las personas y las situaciones no son necesariamente como tú quieres.

-         Acepta que somos nosotros mismos los causantes de nuestro enfado, y no los demás, y que debemos modificar esa tendencia por nuestro propio bien.

-         Modifica los pensamientos asociados a la ira:
Por ejemplo: ese tipo de pensamiento como: “siempre hace lo mismo…””nunca me escucha…” Ese pensamiento absoluto que hace que nuestra ira crezca.

-         Tener razón no es tan importante como tú crees. Todos creemos tener razón.

-         Analiza si tu sentido de “la justicia” es demasiado inflexible. 

-         Aprende formas de comunicación asertiva, es decir, digo lo que quiero decir y lo digo a tiempo y bien.

Y para no perder el control…

-         Analiza qué situaciones te hacen perder el control, qué momentos, qué circunstancias.
Ejemplo:
Cuando llegas a casa cansado.
Cuando ves el cuarto de tu hijo desordenado.
Cuando te metes en un atasco.

-         En la medida de lo posible, evita discusiones en esos momentos.

-         Analiza qué personas y qué discusiones te llevan a perder el control y por qué.
Están las discusiones que se repiten una y otra vez y que siempre te hacen perder el control; decide de una vez por todas si quieres repetirlas o no. Tal vez quieras sustituirlas por algo más eficaz.

-         Piensa que para conseguir tus objetivos debes mantener el control, y perder el control no te ayuda nunca.

-         Cuando empieces a notar los signos de que te estás poniendo furioso, respira y retírate. Aprende a relajarte respirando.

-         Si estás discutiendo da por concluida la discusión o aplázala amablemente para más tarde

-         Haz un autorregistro, para sentirte orgulloso de ti mismo. Anota cada vez que hayas sido capaz de abandonar un ataque de ira.

-         Y piensa en todo lo que te ahorras, te ahorras pedir disculpas, sentirte culpable, sentir que has descontrolado. Y si tienes algo que resolver estás en mejores condiciones para hacerlo.



sábado, 13 de mayo de 2017

La manipulación de los hijos, la llamada "alienación parental".

La llamada “alienación parental” ha sido objeto de disputas entre asociaciones de padres divorciados y asociaciones de feministas. No me interesa en absoluto esa discusión. Es posible que se haya tratado de utilizar este concepto de forma interesada y deshonesta, no lo dudo. Pero la alienación parental, o lo que es lo mismo, la manipulación de los hijos por uno de sus progenitores, existe. Existe y se da mucho. Y es una práctica que priva  -o casi- a los hijos de uno de sus padres; y causa un dolor extremo en el padre/madre que queda relegado.

Manipular a una persona es muy fácil, solo hay que ver como en cada época todos cambiamos nuestros valores, creencias y gustos en un mismo sentido. Creer que somos libres al pensar es… muy ingenuo. Pues bien ¿Cómo no va a ser facilísimo manipular a un niño?

Cuando la inmensa mayoría de las custodias las tenían las madres, eran ellas las manipuladoras. Por una sencilla razón, eran las que estaban con sus hijos y tenían la posibilidad de manipularlos.
Pero esto no es una cuestión de sexos, cualquier persona puede ser manipuladora. Ahora, cuando empiezan a crecer las custodias compartidas, empezamos a ver como muchos padres se convierten en manipuladores.

A las consultas llegan madres con un tremendo dolor, ven como sus hijos se están alejando de ellas, manejados por sus padres. Creo que soy objetiva al pensar que las madres sufren especialmente esta situación, tal vez porque los han parido, tal vez porque se han ocupado más de ellos cuando eran pequeños, o, tal vez, solo porque culturalmente parece más grave que una madre pierda a sus hijos.

En cualquier caso, tanto para una madre como para un padre, es una situación muy dolorosa.
El padre/madre manipulador normalmente quiere al hijo para él solo, quiere todo el amor de ese hijo, quiere todo el poder y, a veces, quiere vengarse del otro, porque le ha dejado o por cualquier otro tipo de razones.

¿Cómo se comporta el manipulador?


·        Convence al niño de que no puede vivir sin él.

·        Desprestigia al otro. Lo acusa de ser egoísta, estar loco-a, de no saber cuidarlo etc.

·        Si puede, lo compra con regalos, caprichos o dinero. O con falta de disciplina y excesiva tolerancia.

·        Hace creer al niño que si ama al otro le hace daño a él.

·        Hace que el niño se sienta incómodo al relacionarse con el otro, el niño se siente como un traidor.

·        Su fin es conseguir que el niño rechace al otro.

¿Qué hacer si nos vemos en esa situación?

Se puede acudir a la justicia. Los juzgados tienen psicólogos que saben detectar esta manipulación. Se puede intentar, sobre todo cuando los niños son pequeños; cuando son adolescentes en muy difícil porque verse inmersos en esa lucha les hace reafirmarse en lo que el padre manipulador les ha inculcado.

Algunos consejos para el progenitor que está perdiendo a sus hijos:

·        Intenta ver la situación con objetividad. Aunque te duela, no creas que tu hijo no te quiere, tu hijo no te ve, solo ve lo que el manipulador le ha inducido a pensar. Convéncete de que la manipulación a un ser humano puede llevar a situaciones extremas, piensa que hay quien llega a inmolarse por ideas fanáticas, y tu hijo es un niño.

·        No entres en la dinámica de criticar al manipulador. Solo se volvería contra ti. Mantente. Demuéstrale que eres distinto.

·        Sigue ahí, dispuesto a saber de él-ella. Sigue intentado verle, aunque sean “unas migajas” no las desprecies, deja el orgullo a un lado, se inteligente.

·        Cuando lo veas no utilices el tiempo para hacer reproches. Trata de saber si se encuentra bien. Y alégrate por sus éxitos.

·        No te sientas culpable pensando que te has equivocado en algo o que algún error has tenido que cometer; a veces nos vemos envueltos en situaciones injustas sin ser responsables de ellas.

·        Muchas veces estas situaciones suelen cambiar. Si tú no te has alejado, si siempre has estado ahí a pesar de todo; si el orgullo no te ha podido, hay muchas posibilidades de que tu hijo se dé cuenta, cuando sea un poco mayor, de que tú no eres como le han contado.

·        En muchos casos, los hijos se dan cuenta, con el tiempo, de que han sido injustos.

·        En cualquier caso, aceptar con calma y sabiduría una situación tan injusta como esta es un signo de inteligencia y puede hacer que lo lleves con tranquilidad, de lo contrario puedes enfermar, hay muchas personas que enferman por esta razón.



   

martes, 14 de marzo de 2017

¡¿Por qué me enamoro de un celoso-posesivo?!

Cada vez que celebramos un 8M, cada vez que abordamos un tema de malos tratos… hablamos de prevención. Y para prevenir hay que intentar entender el comportamiento humano. Porque las personas no llegan a situaciones extremas porque sí. Todo tiene un proceso y en ese proceso intervienen las ideas equivocadas pero también las emociones, los sentimientos.

La sociedad ya no le dice a la chica que obedezca a su novio o a su marido. Parece que el mensaje está claro. Pero… en las consultas seguimos viendo chicas muy jóvenes que aceptan situaciones de sometimiento. “No vayas al gimnasio porque te miran todos”;”No te pongas esa falda tan corta”; ”¿Vas a salir otra vez con tus amigas?”.

Cuando esta chica se da cuenta de donde se ha metido, han pasado ya unos años; tal vez, incluso ha tenido hijos. Ella confiesa que ha ido cediendo para no tener problemas. Que lo hizo sin darle importancia, hasta que poco  a poco, el sometimiento fue insoportable.

¿Pero qué tenía ese hombre para que se enamorara de él?

No creo que haya un solo perfil de este tipo de hombre, controlador, machista y posesivo pero he visto muchos, con unas características parecidas: 
- Inseguro. 
- Con pocos amigos 
- Poco apoyo social.
- Que se refugia en esa mujer, su pareja. 

Al principio la chica siente que él la quiere muchísimo. Algunas dicen que nadie las ha querido tanto. Él está pendiente de ella, en muchos casos, obsesionado con ella. No quiere perderla por nada del mundo, por eso la controla, no quiere que nadie se la quite.

Al principio, ella se enamora, se siente muy querida. A medida que va pasando el tiempo, se da cuenta de que algo no funciona, pero ya le quiere y, muchas veces, lo compadece porque sabe que en el fondo es un “desgraciado”; algunos incluso tratan de dar pena, se consideran víctimas de un pasado triste, de una infancia desgraciada.


Deshacerse de este hombre que se ha obsesionado contigo, que te dice que te necesita para vivir, es difícil, muy difícil. Te prometerá lo que quieras oír o te asustará, te dará miedo. Pero esto ya es otra cuestión. De esto hablan los medios continuamente, de cómo salir de esa situación. Y no en todos los casos él es realmente peligroso, aunque siempre te lo pone difícil.

Mi intención era ir al origen y hacernos reflexionar: ella le elige a él porque él “la adora”… ¡¡¡Cuidado!!!

Hoy me he dirigido a “ellas”, pero “ellos” también merecen atención, también sufren mucho.


martes, 3 de enero de 2017

Soy madre trabajadora y me siento culpable.

Creo que hay muchas formas de vivir y todas ellas son válidas. El problema es cuando uno siente que varias facetas de su vida son incompatibles y no puede prescindir de ninguna. Y eso les pasa a muchas madres trabajadoras.

Hablamos del techo de cristal de las mujeres, por el cual no llegamos a los consejos de administración, a la dirección de las empresas, a rectoras, catedráticas o científicas reconocidas. Cada vez las trabas legales son menores, las sociales siguen estando ahí, pero van disminuyendo. La sociedad patriarcal, en esta zona del mundo, va siendo más flexible. Pero parece que hay barreras que no superamos. ¿Pueden depender de nosotras mismas?

Desde la psicología, vemos los comportamientos individuales. De hombres y mujeres, de padres y madres. Y nos encontramos, a menudo, con madres que se sienten terriblemente culpables por estar trabajando en lugar de estar con sus hijos. Su única justificación, la única que parece calmar sus remordimientos, es que el dinero que ganan lo necesita su familia.

En algunos casos, son profesionales brillantes que ocupan puestos de responsabilidad; su trabajo les gusta y lo hace bien. Acuden a nuestras consultas porque viven un estrés brutal. Su puesto les requiere, a veces, trabajar por la tarde, o terminar un poco después de lo previsto y, estas mujeres lo viven con una angustia tremenda. En muchos casos se plantean pedir una reducción de jornada o demandar un puesto de menor responsabilidad. Saben que, si hacen eso, su carrera profesional se resentirá; tendrán un puesto menos interesante. Dudan, se torturan, sienten angustia. En otros casos, no pueden cambiar su horario de ninguna manera.

Por supuesto la conciliación de la vida familiar y laboral es importante pero… ¿Igual de importante para padres y madres? En la teoría sí, pero lo que vemos habitualmente no es eso. Acaban de ampliar el premiso de paternidad, eso está bien, estaremos atentos a saber cuántos hombres -que no sean funcionarios o empleados públicos - lo disfrutan.



Muchas madres están obsesionadas con que sus hijos les echan de menos; esas madres, se sienten tan culpables, que cuando están con sus hijos se sienten en la obligación de estar atendiéndolos permanentemente, jugando con ellos, ayudándoles.

No dedican nada de su tiempo a ellas mismas; tienen claro que el tiempo que les quitan a sus hijos, por el trabajo, lo tienen que compensar dedicándoles el resto.

Consecuencia: 
-   No disfrutan del trabajo, porque no están relajadas. 
-   Quieren hacerlo bien pero terminando lo antes posible, eso les estresa.
-  Cuando llegan a casa pretenden que todo sea perfecto para compensar.
-  Quieren eso que han oído llamar “tiempo de calidad”. La consecuencia es la frustración permanente, porque los niños tienen sus rabietas, sus cansancios, sus caprichos y “el tiempo de calidad” a veces es simplemente, tiempo normal.

Aunque los padres –hombres- tienen más claro, en la actualidad, que quieren estar con sus hijos; no sufren la culpa por no estar con ellos de la misma manera que las madres, no se obsesionan con que sus hijos les echan de menos y se permiten seguir teniendo hobbies y momentos para ellos mismos.

A las madres les preguntaría:
- ¿Quién decide cuántas horas deben pasar los hijos con sus madres?
- ¿Alguna madre, hace 40 años, jugaba con sus hijos?
- ¿Los niños saben que las madres tienen que estar con ellos desde las 3 en vez de las 7?
- ¿No somos nosotras mismas las que les trasmitimos la angustia de la separación?

No obstante, creo que si lo que te apetece es estar con tus hijos y te lo puedes permitir, permítetelo, trabaja menos o no trabajes. Y disfruta. Lo que no puedes, es machacarte dudando. Y si decides que tu trabajo es importante, disfrútalo también. Y piensa que a tus hijos probablemente les haces un favor. Serán más independientes, aprenderán a entretenerse solos, se relacionarán con más personas “cuidadoras”, seguramente, serán mentalmente más fuertes.

Hagas, lo que hagas: hazlo sin angustia. Lo peor que pueden ver tus hijos es tu angustia.